Incluso las más intensas historias de amor a veces terminan. Me
ronda la cabeza desde hace unos días la relación entre Marina Abramovic y
Ullay. Dos grandes artistas del Performance, que se unieron
carnal y espiritualmente, formando una especie de dúo artístico durante 12 años.
Fue un amor a primera vista. Ella era serbia, él alemán. Ambos nacieron un 30
de noviembre de años distintos, y como su arte no les daba casi para comer
viajaron durante 5 años en una furgoneta realizando toda clase de performances. Cuando su relación se acercaba al final,
realizaron en 1988 una última performance titulada “Los
amantes”: decidieron recorrer la Gran Muralla China, empezaron
en solitario cada uno de un lado –él desde el desierto de Gobi, ella desde el Mar
Amarillo--. Fue una larga caminata de 2.500 kilómetros para encontrarse
en el medio, abrazarse y no volver a verse nunca más…Bueno¡ al menos
esos es lo que ellos creyeron.
Por
supuesto, la alternativa al mutuo acuerdo es una ruptura de relación de pareja
o un divorcio contencioso, es decir, un duelo en los tribunales, donde el juez
escucha las posiciones encontradas de ambos y dicta sentencia según su
criterio. Es un proceso extremadamente arduo que conlleva duras secuelas, y existen
herramientas para no tener que pasar por él. Se puede acudir, por ejemplo, a un
Servicio gratuito de Mediación Familiar,
en el que la pareja acepta la intervención
de un mediador imparcial y neutral que les ayude a dialogar y alcanzar
acuerdos consensuados (caf.madrid@madrid.org).
También
se puede contar con el apoyo de un
abogado de tu confianza que elabore un buen Convenio Regulador de divorcio
o de relaciones paterno filiales, que recoja el acuerdo amistoso alcanzado por ambos
respecto a quién asumirá la guarda y custodia de los niños o si esta será
compartida por los progenitores, así como la cuantía de la pensión de alimentos
para los hijos comunes, el uso del domicilio familiar e incluso la liquidación
y repartición de los bienes gananciales. En todo caso, la obligación del
abogado es buscar soluciones creativas y específicas para cada pareja en las
que no haya ganadores ni perdedores, si no dos personas que quieren poner orden
en sus vidas con ecuanimidad.
En
cuanto a las ventajas de la ruptura amistosa se podrían resumir en: un cumplimiento mayor de las medidas pactadas cuando los dos miembros de la
pareja ven reflejados sus deseos en todo o en parte, frente a las impuestas por
el juez que se incumplen con mayor frecuencia; Las repercusiones emocionales del proceso son más llevaderas para todos
los afectados, incluidos los niños; el proceso puede resolverse en un plazo
mucho más corto que si el divorcio es contencioso, lo que
ahorra mucho desgaste emocional y permite aclarar el nuevo escenario cuanto
antes, y además los costes son muy inferiores, ya que solo hace falta un abogado y un procurador para presentar
la demanda conjunta, en vez de un par de profesionales por cada miembro de la
pareja.
En definitiva, siempre es mejor llegar a un acuerdo que ir a la guerra. En el
primer supuesto las heridas son mucho más fáciles de curar, y quien sabe, en el
mejor de los casos, te puede ocurrir como a esta peculiar pareja de artistas
que, 23 años después del abrazo final en la Gran Muralla, se reencontraron
nuevamente en el año 2010, cuando Marina ya era una artista consagrada, y el
MoMa de Nueva York dedicaba una retrospectiva a su obra. Dentro de la misma, Marina compartía
un minuto en silencio sosteniendo la mirada con cada extraño que se sentaba
frente a ella. La gente hizo cola noches enteras, días, para tener esa
experiencia. Al final era casi una locura colectiva. Muchos lloraban. Entonces, Ulay llegó sin que Marina
lo supiera. Recorrió la
exposición descubriendo las huellas de su propia biografía... se sentó despacio
y en silencio frente a ella y… se miraron, durante esos minutos que contienen
una vida entera, con profundo amor y respeto…Ojalá podamos conseguir algo así
los que en algún momento de nuestra vida hemos roto una relación. (inspirado en
el http://blogs.elpais.com)