domingo, 1 de marzo de 2015

Nuestra relación ha terminado, ¿cómo formalizarlo legalmente?


        
            Incluso las más intensas historias de amor a veces terminan. Me ronda la cabeza desde hace unos días la relación entre Marina Abramovic y Ullay. Dos grandes artistas del Performance, que se unieron carnal y espiritualmente, formando una especie de dúo artístico durante 12 años. Fue un amor a primera vista. Ella era serbia, él alemán. Ambos nacieron un 30 de noviembre de años distintos, y como su arte no les daba casi para comer viajaron durante 5 años en una furgoneta realizando toda clase de performances.  Cuando su relación se acercaba al final, realizaron en 1988 una última performance titulada “Los amantes”: decidieron recorrer la Gran Muralla China, empezaron en solitario cada uno de un lado –él desde el desierto de Gobi, ella desde el Mar Amarillo--. Fue una larga caminata de 2.500 kilómetros para encontrarse  en el medio, abrazarse y no volver a verse nunca más…Bueno¡ al menos esos es lo que ellos creyeron.
            En fin, lo que me llama la atención es como ambos supieron que su relación había terminado, y que necesitaban reflexionar por separado para despedirse con un abrazo. Ojala pudiéramos todos separarnos de una forma tan bella y artística…casi nunca es así. Sin embargo, es importante que una pareja que ha dejado de entenderse haga un último esfuerzo por arreglar su divorcio o ruptura de relación de mutuo acuerdo, aunque sea difícil y aunque sea necesaria la ayuda de terceras personas, especialmente si hay niños pequeños porque la relación se prolongará después de la ruptura, hasta que los hijos se emancipen.

            Por supuesto, la alternativa al mutuo acuerdo es una ruptura de relación de pareja o un divorcio contencioso, es decir, un duelo en los tribunales, donde el juez escucha las posiciones encontradas de ambos y dicta sentencia según su criterio. Es un proceso extremadamente arduo que conlleva duras secuelas, y existen herramientas para no tener que pasar por él. Se puede acudir, por ejemplo, a un Servicio gratuito de Mediación Familiar, en el que la pareja acepta la intervención  de un mediador imparcial y neutral que les ayude a dialogar y alcanzar acuerdos consensuados (caf.madrid@madrid.org).

            También se puede contar con el apoyo de un abogado de tu confianza que elabore un buen Convenio Regulador de divorcio o de relaciones paterno filiales, que  recoja el acuerdo amistoso alcanzado por ambos respecto a quién asumirá la guarda y custodia de los niños o si esta será compartida por los progenitores, así como la cuantía de la pensión de alimentos para los hijos comunes, el uso del domicilio familiar e incluso la liquidación y repartición de los bienes gananciales. En todo caso, la obligación del abogado es buscar soluciones creativas y específicas para cada pareja en las que no haya ganadores ni perdedores, si no dos personas que quieren poner orden en sus vidas con ecuanimidad.

            Los documentos necesarios para presentar la demanda de mutuo acuerdo son: el certificado del matrimonio (en el caso de divorcio), el certificado de nacimiento de los hijos, -ambos se solicitan en el Registro Civil donde se haya producido el matrimonio o el nacimiento-, los papeles que acreditar la situación laboral, y  el Convenio firmado por ambas parte que previamente ha sido redactado por el abogado, ya sea este último particular o del Turno de Oficio en el caso de carecer de medios económicos.  (http://www.icam.es/web3/cache/VU_AJ_cfa_ajg.html).

            En cuanto a las ventajas de la ruptura amistosa se podrían resumir en: un cumplimiento mayor de las medidas pactadas cuando los dos miembros de la pareja ven reflejados sus deseos en todo o en parte, frente a las impuestas por el juez que se incumplen con mayor frecuencia; Las repercusiones emocionales del proceso son más llevaderas para todos los afectados, incluidos los niños; el proceso puede resolverse en un plazo mucho más corto que si el divorcio es contencioso, lo que ahorra mucho desgaste emocional y permite aclarar el nuevo escenario cuanto antes, y además los costes son muy inferiores, ya que solo hace falta un abogado y un procurador para presentar la demanda conjunta, en vez de un par de profesionales por cada miembro de la pareja.

            En definitiva, siempre es mejor llegar a un acuerdo que ir a la guerra. En el primer supuesto las heridas son mucho más fáciles de curar, y quien sabe, en el mejor de los casos, te puede ocurrir como a esta peculiar pareja de artistas que, 23 años después del abrazo final en la Gran Muralla, se reencontraron nuevamente en el año 2010, cuando Marina ya era una artista consagrada, y el MoMa de Nueva York dedicaba una retrospectiva a su obra. Dentro de la misma, Marina compartía un minuto en silencio sosteniendo la mirada con cada extraño que se sentaba frente a ella. La gente hizo cola noches enteras, días, para tener esa experiencia. Al final era casi una locura colectiva. Muchos lloraban. Entonces, Ulay llegó sin que Marina lo supiera. Recorrió la exposición descubriendo las huellas de su propia biografía... se sentó despacio y en silencio frente a ella y… se miraron, durante esos minutos que contienen una vida entera, con profundo amor y respeto…Ojalá podamos conseguir algo así los que en algún momento de nuestra vida hemos roto una relación. (inspirado en el http://blogs.elpais.com)